Entre Nicanor Parra, hijo de profesor y Gabriela Mistral, la profesora del pueblito, recuerdo que serlo e sde dulce y de agraz. Es una profesión para valientes, y por tal mi admiración a todos aquellos profesores que pese a las circunstancias (tantas veces desfavorables) siguen al pie del cañón.
Recuerdo en mi pueblo de niña a la escuelita unidocente y a dos profesores maravillosos y cansados que nos consquistaban, y que en el internado a áquel que nos traía algo bueno para comer.
Me pregunto aun hoy esos profesores disfrutaban el viaje al campo los días de lluvia, quedarse con nosotros y hacer de padres, quizá con los años lo que más haya cambiado es la autoridad-libertad que ellos tenian para educarnos, entiendo que eran otras épocas y circunstancias, sin embargo y sin querer romantizar la profesión, siento que en hay cosas que deben recuperarse, por ejemplo la comunicacion afectiva-salvadora entre el profesor alumno, los dictados bajo una imagen para empezar, la composición de las vacaciones imaginarias, crear poesia, jugar cada recreo porque es “obligación” y dejar un poco de lado las presentaciones, las notas, la competencia en primaria.
Nunca fuí una alumna de excelentes notas, los profesores solían decirme “las notas no siempre dicen la verdad, pero se necesitan” no faltó aquel que miraba el examen que yo entregaba apurada por empezar otra cosa, lo miraba en un nanosec y me lo devolvía, diciéndome con los ojos “esto está incompleto, debes revisar”. Hoy y en ese momento aprecio la confianza , el cariño en ese gesto, supongo que si no lo hubiesen hecho siempre habria reprobado .
Al ser profesora de un ramo que en Chile se considera difícil, si mis alumnos no lograban la buena nota, me sentia frustrada, responsable, siempre tuve la disposición de quedarme una “horita” extra a explicar, pero muchas veces el sistema no me dejaba, tenia mil cosas administrativas que hacer, otro trabajo, otra escuela, una familia, etc.
Muchas veces era este “padre Sistema” el que nos decía qué hacer, cómo y cuándo hacer, finalmente esto es lo que extraño, “la flexibilidad para que el profesor determine cuanto tiempo necesita para que un alumno logre las competencias deseadas“, porque este es el fin, que el alumno logre, que el alumno aprenda.
Ahora, como alumna adulta, me hace falta que un buen profesor me pregunte a veces, y ¿tu cómo vas?, y que yo sienta que esa pregunta es sentida.
También entiendo, que puede ser que alguien se vuelva loco con mi afanes, que hoy enseñar tiene un componente competitivo y si quiero seguir en la docencia debo ser abierta a hacer las cosas diferentes, pues hay nuevas formas de aprender y como dijeron los buenos chicos, “enseñando se aprende” y aun mas, “enseñando se aprende dos veces” debo aprender, recordar, aplicar… también en español (quien lo hubiese dicho).
“El profesor y su vida de perros.
La frustación en diferentes planos.
La sensación de molestia en los dientes
Que produce el sonido de la tiza”
Parra & Rivas, 2017
Parra, Nicanor. En El último apaga la luz: obra selecta (p.109) Barcelona. Lumen.

"Los profesores nos volvieron locos
a preguntas que no venían al caso
cómo se suman números
complejos hay o no hay arañas en la luna
cómo murió el zar
¿es posible cantar con la boca cerrada?
quién le pintó bigotes a la Gioconda
cómo se llaman los habitantes de Jerusalén
hay o no hay oxigeno en el aire
cuántos son los apóstoles de Cristo
cuál es el significado de la palabra consueta
cuáles son las últimas palabras que dijo Cristo en la cruz
quién es el autor de Madame Bovary
dónde escribió Cervantes el Quijote
cómo mató David a Goliat
etimología de la palabra filosofía
cuál es la capital de Venezuela
cuándo llegaron los españoles a Chile"..
Parra & Rivas, 2017
Parra, Nicanor. En El último apaga la luz: obra selecta (p.278) Barcelona. Lumen.